El capitalismo es un monstruo. Si no se le sujetan las riendas, el sistema se desmorona.
Si bien la ideología izquierdista pura aboga por la igualdad de todos, la izquierda moderna, desde una perspectiva pragmática, funciona como un 'freno' para evitar la ruina del capitalismo.
1. El control de los monopolios destructivos
La naturaleza del capital es la de una bola de nieve, por lo que, en última instancia, toda la riqueza se concentra en manos de unos pocos (efecto Mateo). Si se le permite, el 99% de la población, excluyendo al 1% de capitalistas, se verá reducida a la esclavitud, lo que culminará en el colapso del poder adquisitivo y en revueltas. La izquierda sostiene que, para evitar esto, el Estado debe intervenir para redistribuir forzosamente la riqueza y garantizar los derechos de los trabajadores.
2. La trampa de la solidaridad y la igualdad
No obstante, cuando el progresismo se excede y busca imponer a la fuerza la 'igualdad de resultados', la sociedad pierde todo incentivo para la diligencia. Caer en el pantano de la nivelación a la baja, doblegando a los que sobresalen para equipararlos con los que no pueden, es el dilema perenne al que se enfrenta la izquierda.